Historia

Hace 25 años. Ya nada sería igual

Describir hechos de hace 25 años puede que no sean difíciles, más si por razones del destino estuviste en primera fila. Los sucesos de ese día me hicieron comprender cómo mi tío (que sobrevivió a la segunda Guerra Mundial), nunca pudo olvidar tantos detalles. Detalles que ahora forman parte de mi vida y que serán pasados de generación en generación a nuestros descendientes.

Nada tiene comparación a una Guerra Mundial, pero cuando creces en un entorno poco distorsionado, cualquier cosa se siente fatal. Éste día en particular vendría a marcar la Historía de Venezuela y sería el comienzo de una nueva etapa llena de perturbaciones y “revoluciones” que sellarían nuestro destino.

En aquel entonces vivía con mis tíos en San Antonio de los Altos, hermoso pueblo del Estado Miranda, conocido por su clima de montaña. Mi prima cursaba 3er año de bachillerato y yo el 5to año. La particularidad era que nuestros colegios estaban ubicados en Caracas, y por ende debíamos levantarnos mucho más temprano para “bajar a la ciudad”.

Como cualquier día, nuestro despertador sonó a las 5 de la mañana. Nos preparamos y salimos al frente de la casa para esperar algún vecino conocido que, como costumbre, tomara la ruta más adecuada para nosotras: la conocida ruta alterna de la Mariposa, la cual lleva este nombre por la cercanía a la represa que surte parte de la capital.

Estaba aún obscuro y demasiado callado, tanto que parecía que no estaba amaneciendo. Nos extrañó no ver como de costumbre la acostumbrada afluencia de carros movilizándose para llegar a la ciudad, cuando de repente venía en su jeep descapotable un amigo del sector, quien se detuvo y abordamos su vehículo. Era común (aún después de 25 años lo sigue siendo) la acción de llevar vecinos en lo que denominamos “colas” por la lejanía de Miranda a Caracas. Alfredo siempre fue ese vecino dispuesto a llevarnos con sus cuentos universitarios que nos fascinaban, estudiaba en aquel entonces quimica pura en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

La ruta de la Mariposa hasta la actualidad siempre ha sido solitaria, con caseríos pequeños y alternos, sin embargo, frente a la represa aún permanece un Comando de la Guardia Nacional, el cual en ese momento estaba completamente desierto. La charla entre nosotros no nos hizo darnos cuenta de ese inusual procedimiento; no percatarnos de la inexistencia de la alcabala, tal vez nos hubiera hecho sospechar que algo no estaba dentro de los parámetros normales de nuestra rutina escolar.

Así continuamos el camino hasta llegar a la altura de las Mayas, sector popular cercano a la intercepción de la autopista Valle-Coche. Alfredo como siempre, por dejarnos lo más cercano a nuestro colegio, desviaría su ruta por el centro de Coche para dejarnos en el “Fe y Alegría”, pero un indigente de repente se abalanzó a hacernos señas, las cuales en ese momento no comprendimos. Alfredo no había alcanzado a escuchar el grito que pegó y nosotras aún con el susto por la aparición repentina del hombre en la vía, menos entendimos su acción. Yo pensé que se trataba de algún pobre demente sin instintos de supervivencia o con ganas de morir.

Unos metros más adelante ya entenderíamos el porqué. Al pasar el famoso Mercado de Coche nos encontramos con dos tanquetas avanzando una al frente de la otra, oíamos los gritos de personas en los edificios que nos decían que salieramos de allí. Por algún segundo vi en cámara lenta militares que iban saliendo de todos lados disparando sus armamentos, caundo empecé a ver los cuerpos. Aún trato de recordar todo lo que decían mi prima Claudia y Alfredo, pero entre las metrallas, el sonido del jeep frenando, el derrape que hicimos para subirnos a la isla y dar la vuelta en “U”, creo que fué lo que me dejó aturdida.

Sentimos balas cerca del jeep, mi cuerpo temblaba de tal manera que parecía estar convulsionando.
Alfredo no decía nada, veía a Claudia aferrada al tubo de la puerta. En algún momento escuché a Alfredo decir, tan bajo que parecía más para él, “algó está pasando”, Yo no podía aún hablar y sólo veía a los lados en un momento de incredulidad, esperando ver más cuerpos para terminar de entender que no era un sueño o que las imágenes que ví me las había imaginado.

No supe en qué momento llegamos a la casa. Ni bien había frenado Alfredo cuando todos los vecinos, mis tios y primos salieron y nos abrazaron. Nuestra vecina, la señora Chicha, había corrido a levantarlos para avisarles sobre el Golpe de Estado que estaba en proceso y cómo nos vió bajando a la ciudad junto a Alfredo. Se habían temido lo peor pues las imágenes de los tanques y muertos en Fuerte Tiuna estaban circulando por los canales de televisión.

El día no terminaba ahí, mi tío Filiberto acompañó a Alfredo hasta Potrerito y luego bajó. Supe que aquello lo estaba estresando, lo sentí tenso, nada normal en él. Recuerdo verlo subir a un cuarto que servía de depósito de comida, el cual desde hace dos años dejó de existir a raíz de la escasez.

Nos sentó a todos en el comedor y nos dijo que la Guerra había empezado, que racionaríamos la comida y que cada quien tendría su “ración militar”, trate de contener mis lágrimas y asimilar las cosas, lo primero que siempre haces es pensar en la familia. Dije, bueno mamá está en Mérida, allá en la montaña están bien. Nada me preparaba para descubrir las secuelas que la Segunda Guerra Mundial habían dejado en mi tío. Aún recuerdo el justo momento cuando oímos una explosión estruendosa; lo siguiente que ví fué a mi tío Filiberto metido debajo de la poltrona en posición casi fetal...Un F16 había roto la barrera del sonido y sería el causante de tan alarmante sonido.

Que palabras tan proféticas de un ser que fué mi pilar y ejemplo en cierta parte de mi vida. Sobreviviente de una batalla por la vida. Era joven para entender que sería el comienzo del fin de una forma de vivir y ver las cosas en mi querida Venezuela.

No puedo más que agradecer que él ya no esté con nosotros, para ver en qué terminó todo esto. Y lamento con toda mi fuerza ver a mí País pasando por circunstancias parecidas a lo que él vivió. Ahora todos racionamos la comida porque ya no hay, enfermarse es entrar a una situación desesperada, porque los medicamentos no existen. La lucha por la supervivencia ha acabado con lo humano a tal punto de decir que es común que se mate gente inocente todos los días. Si esto no es como el Holocausto para una nación que lo tenía todo, ¿entonces qué es?


El 4 de febrero de 1992 fué sólo una muestra de lo que venía. Hermanos de armas luchando unos contra otros, a pesar de haberse formado bajo una misma consigna. ¿Qué los diferenciaba? Unos tenían bohinas y tiras rojas en su uniforme, y otros no. Hoy, 25 años después aviones sobrevuelan Caracas, esta vez para amedrentar a una Nación, la que juraron defender, por la que supuestamente se alzaron en esa ocasión alegando estar defendiéndola por el bien de los ciudadanos, hoy defienden “la revolución” (así mismo, en mínúsculas; de lo contrario se estaría enalteciendo). Éste fue el legado, ya nada será igual, nos dijo mi tío Filiberto...¡y tenía razón!

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